Rastrillada:Huella o rastro más o menos visible, que en el suelo firme y sobre el pasto dejan la huella de una caballería, las plantas de un cuadrúpedo cualquiera, o las ruedas de un vehículo en las zonas o caminos poco frecuentados. Ella constituye una fuente preciosa de informaciones para nuestros afamados rastreadores. Dr. Lisandro Segovia. Diccionario de Argentinismos. 1911.-
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martes, 24 de mayo de 2011

Lecturas compartidas

“Un arreo en la noche – Allá en el pago del vecino”.

Ambrosio J. Althaparro

Cuenta el autor que estaba una noche la peonada de una estancia terminando de churrasquear en la cocina del personal, cuando oyeron el ladrido de los perros, lejos de las casas, en forma desganada pero insistente.

Debe venir un arreo, dijo uno saliendo al patio.

Alguno que viene cantando por el camino, agregó otro, saliendo también.

Poco a poco se fue aumentando el grupo de los de afuera, los que en la noche oscura en que no se veían ni las manos trataban de descubrir qué era lo que anunciaban los perros.

El oído acostumbrado de los hombres de campo y su gran poder de deducción fue supliendo a otros datos para saber de lo que se trataba.

De pronto alguien creyó haber oído un cencerro y pocos segundos después lo confirmó otro de los del grupo, asegurando que eran dos.

Ya empezaba la imaginación a construir el panorama de un arreo en la noche y aguzando el oído en esa orientación pronto se oyó, aunque lejano, el grito característico del resero y casi enseguida algún mugido.

No había duda que se acercaba una tropa por el camino real, que pasaba a pocos metros, y a breve plazo daría con su nota de sonido un rato de animación a la habitual quietud de la estancia, en el silencio de la noche.

Arreo grande –afirmó el viejo capataz- porque vienen como seis o siete tropillas; se oyen tres cencerros, dos campanillas y uno o dos tachos. Una de las campanillas ha de ser de plata.

Son novillos –sentenció otro y ante una insinuación de duda, replicó- si fueran vacas se oirían más balidos.

Vienen de lejos, porque marcha muy entablada la hacienda, y se va sola. Casi no se ha oído el grito de “güeya… güeya…”.

Aunque la oscuridad de la noche no permitía distinguir ni los bultos de los que pasaban ya frente al grupo de observadores, podíamos estar seguros que se trataba de un arreo de unos 600 vacunos; que eran novillos y que traían una marcha de muchas leguas.

Como iban para el norte, era probable que llevaran destino a los corrales y esta suposición se convirtió en una presunción más fundada pues el mismo viejo capataz, a quien se reconocía mucha autoridad en esta materia afirmó: Es hacienda muy gorda, porque la arrean con la fresca aunque está la noche tan oscura y porque al caminar le suena mucho la pezuña.

Al día siguiente, el primer peón que fue a la esquina, más que por necesidad, por confirmar casi al detalle todos los datos que respecto a este arreo anticipara la deducción criolla; propia de los hombres de campo de mi pago y de mi tiempo.

www.revisionistas.com.ar

martes, 8 de marzo de 2011

Datos de Archivo

RESEÑA HISTÓRICA DE GENERAL GUIDO

Diferencia con el día de celebración de su nacimiento y la fecha real de su fundación

Por Juan Carlos Pirali

La ley de creación del pueblo de General Guido en el ex partido de Vecino data del año 1883 , habiéndose fijado para celebrar ese acontecimiento el 28 de marzo, una fecha que posiblemente por un error en la grafía fue tomada en forma equivocada, pues si se tiene en cuenta el contenido de la Ley Nº 1.629, de creación de doce pueblos, en cuyo texto dice : “Uno en el partido de Vecino, en terrenos de propiedad de doña Cornelia Pizarro”, dicha norma fue sancionada en la Legislatura el 18 de mayo de 1883 y promulgada el 28 de mayo de 1883.[1]

PARTIDO DE VECINO

La extensión de la frontera al sur del río Salado por orden del Director Supremo Juan M. de Pueyrredón, permitió la radicación de pobladores en esa región que estaba dividida en tres grandes partidos: Tandil, Monsalvo y Dolores. Ante esa circunstancia, mediante el decreto del 25 de diciembre de 1839 firmado por el gobernador Juan Manuel de Rosas y su secretario Agustín Dartigós, se determinó aumentar las secciones de ese inmenso territorio que se extendía desde el Salado hasta el Quequén, y como consecuencia de esa decisión nació el partido de Vecino, en tierras que pertenecían al de Tandil, designándose por esa misma resolución del 25 de diciembre a don Francisco Pereyra como primer Juez de Paz de dicha jurisdicción.[2]

El partido careció de un centro poblacional que sirviera de cabecera, por lo tanto, por varios años sus autoridades se establecían en sus propias residencias.

Los trámites para emplazar un pueblo destinado a cabeza del partido de Vecino tuvieron un largo proceso. En 1866, el gobernador Adolfo Alsina hizo reservar para ese fin por medio de un decreto del 17 de abril de ese año, un terreno ocupado por los herederos de Manuel Castaño, ubicado en el extremo sur del distrito. [3]

Ese proyecto con aval oficial no tuvo éxito pero las gestiones continuaron. El 7 de diciembre de 1880 el Ferrocarril del Sud inauguró la estación Velásquez (hoy General Guido) y a su alrededor se nuclearon numerosos vecinos, pero sin respetar un trazado de calles.

Por medio de la citada Ley 1.629 del 28 de mayo de 1883 se autorizó la fundación de un pueblo para cabeza de partido en terrenos de doña Cornelia Pizarro, pero tampoco pudo concretarse en ese lugar, hasta que el 16 de febrero de 1891 el Superior Gobierno de la provincia de Buenos Aires por medio de un decreto, aprobó la autorización para fundar un pueblo con el nombre de General Guido. Esa resolución que llevaba la firma del gobernador Julio A. Costa, decía en su artículo 1º: “Con el nombre de General Guido declárese pueblo, cabeza del partido de Vecino, el núcleo de población formado por terrenos de don Claudio Martín, contiguo a la estación Velásquez del Ferrocarril Sud”.[4]

Esas tierras habían pertenecido a don Carlos Sosa y doña Ezequiela Durán, y fueron adquiridas en 1887 por Martín, quien donó los terrenos para la plaza, edificios públicos, escuela, cementerio y corrales de abasto.

Esta síntesis refleja los hechos más salientes en la historia del partido y pueblo de General Guido.


[1] Leyes del Estado y provincia de Buenos Aires en Biblioteca Municipal de Dolores

[2] Biblioteca de Archivo General de la Nación. Reg. Oficial. Libro 18

[3] Archivo Histórico “R. Levene” de La Plata

[4] Archivo Histórico de Geodesia de La Plata


http://juancpirali.obolog.com

jueves, 1 de abril de 2010

La Calesita


Llora la calesita / de la esquinita sombría / y hace sangrar las cosas /que fueron rosas un día...



Una historia con muchas vueltas

En España lleva por nombre Tiovivo; en Francia, Carrusel, pero acá en Argentina tiene un nombre sinónimo de infancia: Calesita. La historia de la calesita es un rompecabezas cuyas piezas no han sido unidas por la historiografía, pero es importante intentarlo, ya que Argentina es uno de los pocos países -el cuarto del mundo- que conserva esta tradición. Hasta tal punto este juego prendió en la cultura que la palabra “calesita” es porteña. “Vamos a jugar a la calesita”. La expresión primigenia era otra: “Juego de los caballitos”. Cuando todavía no existía la diferencia entre calesita y carrusel – las estructuras fijas que sólo giran y aquellas en las que, además de girar, los caballitos suben y bajan, el juego consistía en un caballo con orejeras que giraban como una noria y a su lado, en una calesa (pequeños carros de cuatro ruedas que se utilizaban en Europa central para llevar a las ciudades los productos de la tierra), iba corriendo un hombre.

Se cree que la primera forma conocida -según un viejo grabado alemán- se manifestó en Turquía y llegó a Europa por el misterioso camino de los viajeros. En Francia, Inglaterra y Alemania se convirtió en un juego de nobles. El tiempo la hizo un juego de niños.

El primer juego de caballitos que llegó a Buenos Aires era francés y se instaló entre 1867 y 1870 en Barrio Parque, que quedaba entre lo que hoy es el Teatro Colón y el palacio de Tribunales. Hubo que esperar hasta 1930 para que apareciera la primera fábrica, Sequealino e hijos, una firma de herreros italianos de Rosario, que hizo más de mil calesitas para América Latina. Con ellos ganó la forma que tiene hoy este juego: unos treinta lugares para ser ocupados.

En aquellos tiempos las calesitas aparecían en los llamados huecos de la Ciudad de Buenos Aires, espacios vacíos donde se instalaban las calesitas hasta que los dueños decidían construir y los echaban... Por eso es muy difícil tener una idea de cuántas calesitas hubo en la ciudad: cambiaban de barrio todo el tiempo. Se puede precisar, al menos, que en 1923 se instaló en Hidalgo y Rivadavia la más antigua que hoy queda en el país, trasladada primero al Jardín Zoológico y actualmente ubicada en Ayacucho (provincia de Buenos Aires). La década de 1920 trajo un gran cambio: la electricidad. Al poder mover la calesita con un motor, se modernizó la técnica, se aceleró la marcha y se reemplazó el organito que iba afuera por uno incorporado que crean los hermanos La Salvia. La calesita se identifica mucho con la idiosincrasia argentina, y porteña en particular. Este juego que viene de Turquía y entra por Europa, tiene en común la característica de la mezcla. Además Argentina es un país circular, de idas y vueltas: somos hijos de gente que nació en otro punto del mundo.

La calesita está representada en un gran abanico de aspectos de la cultura argentina: en la literatura -no sólo para niños, sino para adultos- en la poesía, en la música, en el teatro, en el cine, en la pintura, en la fotografía... hasta en la publicidad. Este juego retoma la pasión por lo circular que siempre ha tenido el hombre, que incluye manifestaciones particulares como el asado, el fútbol o el tango. No se puede concebir un porteño que no se haya subido a una calesita. La calesita aparece en los libros de lectura para chicos desde el 1900, como texto y como imagen. Pero una vinculación especialmente intensa es la de la calesita con el tango, que no ignoró la presencia de este juego en la vida cotidiana y le dedicó piezas antológicas. Hay que comenzar, por supuesto, por la grabación más famosa: “La Calesita”, poesía de Cátulo Castillo y música de Mariano Mores. Otro tango de Castillo y González Castillo (padre e hijo) fue grabado por Azucena Maizani: “Música de Calesita”, también una versión de Ignacio Corsini. Héctor Gagliardi escribió y recitó otros versos titulados “La Calesita”. Miguel Montero le cantó a este juego en “Viejo Baldío”. Por último hay una hermosa grabación de “La Calesita” por Aníbal Troilo y su orquesta. El Tango asimila La Calesita y la vincula mucho al derrotero del porteño al punto de ponerla como título de la película que dirigió y protagonizó Hugo del Carril: el personaje dice que su vida termina como una calesita que da vueltas, sin lugar donde parar, siempre en giro, siempre volviendo a empezar. Pero el tango no es la única música que se ocupó de este juego. Hay una balada de Leonardo Favio, “Vieja Calesita”, y grabaciones de Los Arroyeños.

En la literatura hay numerosas menciones: lo hacen Leónidas Barletta, Bernardo Verbitsky, Juan Ortíz. También en la narrativa infantil: María Elena Walsh es autora de “La Calesita Misteriosa”. Pero son muchas más las apariciones de este juego en la poesía: casi todos los grandes poetas argentinos lo han mirado, por ejemplo Raúl González Tuñón escribió: “La magia que da vueltas”; Baldomero Fernández Moreno “A un caballo de calesitas” y Francisco “Paco” Urondo, “Bar La Calesita”.

Hoy en la ciudad de Buenos Aires hay más de 30 calesitas. Casi todas están ubicadas en plazas y fueron construidas por Sequalino Hermanos. Las más clásicas tienen caballos de madera, otras tienen distintos animales y aviones. Una de las más célebres está en Parque Chacabuco: La Calesita de Tatín, que instaló Agustín Ravello. Ravello hizo que Tatín (Tato Cifuentes), un cómico chileno que trabajó en la televisión argentina -el que decía: “Yo soy Tatín, un chiquitín juguetón”- apadrinara esta calesita: también permitió que fuera locación de la película “Quiero llenarme de ti” que filmaron Sandro y Soledad Silveyra. El nombre de Tatín pasó, por extensión a Ravello y a su hijo, el actual calesitero. Tal vez la calesita más curiosa de Buenos Aires es la que queda en una casa de Liniers: Don Luis Rodríguez logró que le dieran permiso para terne su calesita en la esquina donde se levanta su casa, él mismo la cuida, la restaura, la pinta y arregla los caballitos. Con más de ochenta años, Don Luis no sólo sigue en su calesita sino que escribió dos volúmenes de “Memorias de un calesitero”, donde dice: “Mi padre compró la calesita que poseo en la actualidad en marzo de 1920 y venía equipada con un caballo para hacerla girar, éste era de pelo zaino y obedecía al nombre de “Rubio”. Y concluye: “Hay que cuidar las calesitas como se cuidan las plazas, porque son parte de la infancia y el niño es el padre del hombre. Si cuidamos al niño, recuperamos el futuro. Eso nos permitirá acercarnos al ideal de sociedad que queremos: una que respete la memoria”.

Fuente: http://www.barriodeflores.com.ar/la_calesita.htm

…y para seguir “dando vueltas” sobre el tema

http://www.educared.org.ar/infanciaenred/pescandoideas/archivos/2010/03/mira_buenos_air.asp

http://www.lascalesitas.com.ar/

http://www.calesitasdelsur.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Calesita

http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2005/07/10/v-02101.htm

martes, 23 de marzo de 2010

...una errata que amerita corrección

"...que nadie olvide de donde viene, porque si lo olvida
no sabrá quien es ni tampoco sabrá adonde va”

Jaime Dávalos

"Había corrido un largo año. Andando y andando los caminos de huellas llaneras y cansadas, durmiendo de día en algún pajonal y caminando durante la noche bajo el firmamento balizado de luceritos, sin poder alejarse mucho de los pagos de Dolores en donde estaba Felisa, llegó Rojas en una tardecita de verano a la vista de su pueblo natal. No pensó nunca en hacerlo; era más bien una fuerza incontrolable la que poco a poco lo iba trayendo como de tiro, desde el canadón de El vecino hasta el pueblo de General Guido...
Sofrenó el tobiano colorado y se quedó mirando a los lejos en la llanura dorada por el sol de enero aquel montoncito de árboles, casas y ranchos blanqueados, que eran como un mojón en la planicie, interrumpiendo en un pedacito la firme pegazón de la tierra con el cielo. Sobre el verde oscuro de las arboledas apuntaba hacia arriba la torre cuadrilonga de la humilde iglesia, pintada de blanco y terminada en una pirámide de cuatro caras iguales. Pag. 288
Hacia el oeste, ocultos casi por el resplandor del sol declinante y semitapados por nubes de jejenes, los montes de La Quínua y de Newton parecían en la distancia pequeños accidentes de la corteza terrestre. Más para este lado, el de Santa Catalina era un apezuñamiento corto y deforme, y sobre la costa oeste de la laguna del Carnero el viejo caserón de El Mirador con un descarnado eucalipto que visto desde lejos se asemejaba a un vendedor de globos. Pag 289Detrás, el vasto espejo de la laguna cortaba en redondel el horizonte hasta mostrar al otro lado una orilla baja, de pastizales verdes, pareciendo que la llanura entraba despaciosamente al agua. Bandadas de cisnes ponían en el contra luz del solazo de aquella tarde, el movedizo punteo de alas blancas entreverado con el rosado plumaje de espátulas y flamencos.
Al ver el cementerio, Rojas, maquinalmente, sujetó despacio a su cabalgadura y sacándose el sombrero, espió por el portón de hierro coronado de lanzas que iban de mayor a menor, la callejuela principal que se cortaba muy pronto contra la pared del fondo. Las sepulturas alineadas, alargaban ya en el poniente las desmedidas sombras de sus cruces, entre la soledad y los yuyales que las avanzaban por todos lados. Ahí estaban los huesos de su madre, los de doña Liberata y los de tantos conocidos... Pag.290
Fragmentos de El Camino es Largo de Augusto J Bialade 1972.-


Cuando colocaron el rótulo indicativo del nombre de la calle que distingue a Augusto José Bialade (h), las autoridades no advirtieron el error ortográfico que había cometido el fabricante de los letreros indicadores, la calle pasó a conocerse como “Vialade”, una errata que amerita corrección.

Augusto José Bialade, Tito para sus amigos, nació aquí en 1903, en el pueblo de General Guido, Partido del Vecino. Hijo de Augusto Pedro Bialade, Jefe del Registro Civil y de Juana Florinda Cambiaggi, Maestra. Aquí vivió hasta el año 1917 cuando la familia se muda a la Ciudad de Dolores.

Abogado. Juez. Lúcido narrador de las historias contadas en voz baja en las cocinas familiares de su infancia, transmitidas de padres a hijos. Augusto J. Bialade no sólo no olvido de dónde venía sino que rescató esas tradiciones en la Leyenda y El Romance de Kakel Hincul, en la novela El camino es largo.

Los Bialade

Foto: http://good-times.webshots.com/photo/1083682858047851296nfoRKK

jueves, 4 de marzo de 2010

General Tomás Guido

Puesto en el centro de la plaza, orientado hacia donde el crepúsculo se posterga, el busto de Tomás Guido custodia a los guidenses.
Foto de Hernán Longo.
Fuente: http://www.panoromio.com/

Próximamente el Pueblo de General Guido conmemorará el 127 aniversario de su existencia. Desde su creación en 1883, y por ocho años, se lo conoció como Pueblo de Vecino, hasta que el 16 de agosto de 1891 el Gobierno Provincial le impuso el nombre de Brigadier General Tomás Guido.
Por aquellos años, poco, casi nada contaba la historia oficial del hombre, cuya efigie se levantaría, en el centro de la plaza.
La escasa bibliografía de la época remitía a un libro publicado en 1882 por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano titulado “Vindicación Histórica” allí aparecían los escritos que su padre había archivado prolijamente entre los años 1817-1820.
“La Historia, dice el Dr. Mario (Pacho) O’Donell, siempre está teñida de subjetividad; la oficial lo está de arbitrariedad reconocida”.
Saliendo del olvido, al que lo habían sentenciado los cronistas de la época. Antecedido por el grado militar, el patronímico de Guido, comenzó a difundirse en escritos oficiales y privados. Hacia finales del siglo XIX nacía el gentilicio “guidense”
Uno puede mudar de casa, de provincia…de nacionalidad, lo que no se puede cambiar es el origen.
¿Quién fue el General Tomas Guido?
Tomas Francisco Gil Buenaventura del Rosario Guido Aoiz nació en Buenos Aires el 1 de septiembre de 1788. Hijo de un comerciante, don Pedro Guido Sáenz Y de doña Juana Aoiz Martínez Larrazbal.
El 25 de mayo de 1810 el joven Tomás Francisco, que por razones económicas había dejado sus estudios en el colegio San Carlos, está entre la escasa muchedumbre en las puertas del cabildo.
Alguien dijo “Mas importante que escribir sobre la revolución es contribuir con ella” eso hizo Tomás Francisco desde su bautismo de fuego durante las invasiones inglesas. Formó parte del grupo de jóvenes, hijos de españoles, nacidos en el Virreinato del Río de la Plata, que se reunían en el Café de Marco. De allí surgirían los oradores de la revolución, los improvisados jefes militares…los políticos.
La Revolución de mayo fue el comienzo de un cambio profundo y definitivo en la vida política, social y espiritual de Buenos Aires. A partir de mayo 1810 Tomas Francisco Gil Buenaventura del Rosario Guido Aoiz, se convertiría en Tomás Guido, un actor irremplazable en la historia de la Patria.
Aparece junto a los hermanos Moreno a bordo de la Fragata Inglesa Fama cuando el 4 de marzo de 1811 Mariano Moreno muere en alta mar.
San Martín y Bolívar lo contaron como un colaborador predilecto. Su amistad con el General San Martín ha quedado debidamente documentada en la correspondencia de ambos "Mi lancero amado" lo nombra San Martín en sus cartas.
Fue funcionario de Rivadavia, Lavalle, Dorrego, Viamonte, Rosas y Urquiza.
Tuvo tenaces enemigos entre ellos Sarmiento que le reprochaba su posición llamándolo “cumplimentero”, arribista político. Pero basta con leer su correo con Rosas para saber lo lejos que estaba Tomás Guido de ser un cortesano de palacio.
"Desoiga a los que le aconsejan destierros, persecuciones y muertes, son fanáticos políticos que no merecen ser escuchados... aléjese de la mazorca, esa banda de forajidos desalmados", le escribe. No debía de se fácil decirle al Gobernador Juan Manuel de Rosas esas cosas.
Pero sigamos familiarizándonos con Tomás Guido através de la correspondencia de Juan Manuel de Rosas.
Buenos Aires, Julio 18 de 1832
Señor Don Tomás Guido. Mi querido amigo:
El correo no saldrá mañana porque mi correspondencia aun está verde. En su virtud Vd. tendrá en tiempo los materiales que desea si es que no le incomodo, mañana, para que juntos aquí acabemos todo. Ochocientos pesos mensuales son los que he asignado a usted y en su virtud le remito este mes y el anterior. Sé que usted solo me ayuda por el aprecio que hace de mi amistad; pero sé también que no es conforme a la amistad abusar de su finura y generosidad. Es por esta poderosa razón, robustecida en el conocimiento que tengo de usted, con familia, no es ningún hombre acaudalado, que debo no abusar de su amistad, y usted hacerme el favor de recibirlos, persuadiéndose de que si así no lo hace dejaré de ocuparle y con la pérdida de su ayuda, perderá la causa y perderemos todos. No crea usted que yo lo desembolso. Lo será el gobierno de gastos reservados sin que para nada suene el nombre de usted de quien soy afectísimo amigo. Juan Manuel de Rosas.

Guido rehusó la gratificación. Pese a necesitar el aumento de sus medios de subsistencia, decía conservar luego de 22 años de servicios a la patria, lo preciso para no hacer vida menesterosa. Y preguntaba: "Pero, ¿renunciaré yo por un desahogo en mis atenciones domésticas, la inmensa satisfacción de aliviar en alguna manera el peso enorme que desinteresadamente ha tomado Vd. sobre sí en honor de mi país?... Mi carrera y mis deberes sociales me mandan servir sin interés mientras por un cargo público no pueda justificar mi recompensa."
He aquí la respuesta de Rosas:
Buenos Aires, Julio 27 de 1832.
Señor Don Tomás Guido. Mi amigo querido:
Las razones en que apoya usted el verdadero espíritu de su estimada carta del 19, son sin duda poderosas para usted, pero no para mí, que estoy resuelto a privarme de su ayuda antes que abusar de su amistad. Desde que esta resolución aparece inalterable, usted sin faltar en algo a la confianza de nuestra amistad, no puede dejar de pesar nuevamente sus razones y las mías. Agréguese a la balanza de estas el mal positivo que al país y a mí debe ocasionar la insistencia de parte de usted, desde que por ella nos privamos de su ayuda, y desde entonces pesará más dicha balanza. Sin perjuicio, yo serviré a usted como gobernador y como particular en todo cuanto pueda, toda vez que usted quiera ocuparme. Dispense usted esta carta; siento perder su ayuda, y es esta la razón de poder fuerte que me ha obligado a ser importuno, faltando a los respetos de una fina amistad, porque no me es posible abusar de ella. Quiera usted disponer como guste de su afectísimo compatriota. Juan Manuel de Rosas.
Ante ese dilema, Tomás Guido cedió, pero con la segunda intención de no emplear la suma con que se lo gratificaba a la fuerza, y siguió prestando los servicios que daba a Rosas. Durante los preparativos de la campaña al desierto, Rosas le contesta a Guido la carta en que éste le devolvía los sueldos que aquél le había pagado por su colaboración para la redacción de documentos públicos.
He aquí la respuesta:
Mi querido amigo: Aún no había podido contestar a su estimada de 16 de diciembre de 1832, en que me devuelve cuatro mil ochocientos pesos, importe de la asignación de los meses de julio hasta noviembre, que el gobierno de mi administración dispuso pasarle de fondos discrecionales en compensación del importante servicio que prestara a la causa pública ayudando al gobierno en la expedición de los asuntos más delicados. Hoy lo hago, y penetrado del poder de las razones en que usted se funda para devolver al suma que ha conservado en depósito sin aceptarla, la paso al señor ministro de gobierno para que vuelva a tesorería como salio. Después de esto solo me resta manifestar a usted mi sincero reconocimiento, y ofrecerle como siempre que mande como guste en la sincera amistad de su amigo. Juan Manuel de Rosas Fuente: http://www.lagazeta.com.ar/
Rosas y El Gral.Tomás Guido. Irazusta, Julio: Vida política de Juan Manuel de Rosas. t.II.p.136.

Tomás Guido fue un hombre de la unidad nacional. El mismo que le aconsejaba a Juan Manuel de Rosas: “ayude a constituir la provincia, a apaciguar los odios, a buscar en la ley y en el respeto del derecho, la única base de la felicidad de la patria”.
El que en tiempos de la Confederación, en el Senado de Paraná, hablaba con independencia y libertad invitando a la conciliación. Sin abandonar la firmeza en sus creencias o concepciones políticas.
El amigo incondicional de San Martín.
Tomás Guido murió el 14 de setiembre de 1866 en su casa de Buenos Aires, su ciudad natal. Desde 1966 sus restos descansan en la Catedral de Buenos Aires junto al General San Martín. Pero en el Cementerio de la Recoleta puede visitarse la bóveda, en forma de gruta, que refieren, levanto con sus propias manos Carlos Guido Spano en homenaje a su padre, símbolo de la humildad en la que siempre vivió.

domingo, 14 de febrero de 2010

MALONES EN LA CAMPAÑA BONAERENSE EN EL SIGLO XIX

Por Juan Carlos Pirali
Dolores

El intento de adaptación del indio a la civilización, fue una constante de conquistadores y colonizadores en el territorio bonaerense. Ese objetivo fue casi imposible verlo materializado, ya que en ocasiones por causas de abusos de los españoles y también debido a la naturaleza belicosa de las tribus, se originó una continua guerra que recién terminó a fines del siglo XIX.
El primer intento civilizador al sur del Salado estuvo a cargo de los padres jesuitas Matías Strobel y Manuel Querini, quienes instalaron el 26 de mayo de 1740 la reducción de la Inmaculada Concepción destinada a los indios pampas, sobre la margen derecha del Salado cerca de su desembocadura

seguir su lectura en: http://juancpirali.obolog.com

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Retacitos de la historia

*Cornelia Pizarro
Conforme la ley Nº 1629 del 28 de Mayo de 1883 la Legislatura de Buenos Aires funda un pueblo en el Partido de Vecino, en terrenos propiedad de Doña Cornelia Pizarro.
¿Quién fue Cornelia Pizarro?
Cornelia Pizarro había nacido en 1824; murió soltera.
Con su legado, cuya liquidación excedió de 580.000 pesos, fue erigido el 'Instituto José María Pizarro y Monje' para la enseñanza de niños huérfanos.
Colaboró con la Sociedad de Beneficencia que había sido creada el 2 de enero de 1823, por decreto del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez y que en 1880 pasó a la esfera del gobierno nacional, la que era presidida
“por las primeras damas de la República, las esposas y madres de los guerreros, de los estadistas, de los grandes servidores de la patria y de los ciudadanos esclarecidos... mujeres patricias;”
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Escuela número 24 D 1, lleva su nombre. (En el invierno de 1915, en la escuela porteña “Cornelia Pizarro”, la maestra Matilde Filgueiras organizo una reunión de padres que término siendo histórica. Aquella tarde la docente explico que la ropa de los estudiantes ponía muy de manifiesto la condición social de los chicos y generaba divisiones entre los alumnos. Allí nació el guardapolvo blanco).

Según Roberto Payro "La Señorita Cornelia Pizarro fue admiradora é invariable amiga", del General Mitre. Conocida como la riflera o la madre de los rifleros.

*Estación Velázquez.

Fue el nombre de la Estación del Ferrocarril del Sud inaugurada en 1880 y hasta 1896 cuando pasa a llamarse General Guido
En este Horario de trenes de 1893, gentileza de Juan José Gilardi y Marcelo Arcas lo atestigua:

Los versos que Justo P Saenz (h) escribió en 1964 así lo recuerdan:
“Velazquez” fue tu nombre en el ochenta y pico / Cuando a tu pampa virgen llegó el ferrocarril/ Pero te lo cambiaron… ¿Por qué? No me lo explico/ ¿Sería que pensaron que te quedaba chico/ Y era mejor un prócer que un poblador civil? (leer completo en
http://lagallineta.blogspot.com/2007/05/pueblo-de-general-guido.html)

¿Quién fue el “poblador civil” Velásquez?
Dn. Juan A Velásquez figura como Primer Comisionado Municipal suplente en 1867.

miércoles, 19 de agosto de 2009

"Corral de los Vecinos"



A la memoria de quienes me enseñaron a conocer, querer y respetar al Partido de General Guido, su historia, su tradición
y su gente.
Liliana Madrid
Julio 2009





INTRODUCCIÓN

“Tierra y paisajes hablan un idioma inarticulado de misterio y lirismo.
El pasado de los hombres y el alma de los pueblos no se explican
del todo si esa voz no es escuchada y comprendida…”
Juan Pablo Echagüe

En 1857, una crecida y caudalosa Cañada del Vecino arrastró con parte de la historia del Partido y Pueblo del Vecino. Subsistían, en la memoria de los primeros abuelos, leyendas, cuentos, supersticiones y quimeras. Más tarde, llegaría el olvido. Hubo, con el correr del tiempo, otras arriadas menores. Siempre quedó algo para recordar. Y una raíz hundida en lo profundo que nos junta en este mismo lugar, el Partido del Vecino.

Dice H. Schmucler:
“Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido.” (1)

Esa parte perdida de nuestra historia no podrá recuperarse. Son sólo unos pocos cabos sueltos. Pero, si unimos esos cabos, lograremos una soga fuerte capaz de asegurar, definitivamente, aquel pasado arisco al palenque de la historia del pueblo de General Guido.

Con paciencia intentemos hilar lo descosido (2), unir, atar, reparar la urdiembre.

Los invito a reencontrarnos con ese lugar llamado:



Corral de los Vecinos, un espejismo en la distancia.


La Cañada del Vecino nacía en el arroyo Langeyú y cruzaba el actual Partido de Gral. Guido, entrando por el sur al Partido de Dolores y continuando hasta encontrarse con la Cañada de Díaz, en el Partido del Tordillo.

Esta dilatada geografía de escasa altura, arrinconada por inundaciones y sequías, escondía abrevaderos naturales que favorecieron el establecimiento temprano de pobladores “al sustentar un complejo de condiciones climáticas y bióticas favorables”. Aquí en este lugar, territorio de “los pampas”, entre bañados y lagunas, como un albardón más se irguió el Corral de los Vecinos.

En siglo XVIII, cuando no había deslindes ni alambrados, cuando "se necesitaron manos diestras" en las vaquerías, llegaron a estos pagos los primeros trajinantes. El Corral, probablemente, fue abrigo para aquellos que se adentraban
“por el largo y ancho cañadón […] restos de un río del terciario que buscaba ahora inútilmente su antigua salida al mar.” (3)

“Si en la extensa provincia de Buenos Aires tuviésemos que señalar la zona en que hubieron de conservarse por más tiempo las auténticas tradiciones, como rincón gaucho, señalaríamos sin dudar el paraje de la extensa Cañada del Vecino.
Quienes hoy disparan por la ruta 2 a Mar del Plata, debieran saber que a unos 20 Km. después de pasar Dolores, a la derecha, se abre un camino de tierra que se interna en aquella especialísima región, pasando enseguida las vías del viejo F.C.S. y la estación Parravicini, e ingresando en el partido de General Guido, sigue hacia el Oeste y luego al Sur para reaparecer en Maipú.
Desolados campos bajos, otrora riquísimos en pajales de amarillenta espadaña, comarca de variadísima avifauna. Pagos gauchos si los hubo, compuesto de enormes latifundios, con centenarias estancias como "La Quinua", "Navas", "Barrancas Coloradas" (donde vivió Benito Lynch), "Palenque Chico" (de Ambrosio Juan Althaparro) que además algunas fueron postas de la galera que iba de Dolores a Ayacucho.
Por allí se vieron los últimos gauchos de chiripá y medias blancas, y pulperías y esquinas famosas poseedoras de enrejados mostradores y con cubiertas de paja, teja francesa o azotea, que constituyeron centros de negocios y sociabilidad y cancha de diversiones y reyertas.
Todo se perdió cuando se construyó el canal 1 que desecó los bañados y lagunas y que arreó también con todo el bicherío que los habitaba” (4)

¿Dónde ubicar el Corral de los Vecinos?

En el sur del partido de Dolores, en la Circunscripción III, localizamos los Montes y la Laguna
del Vecino.
Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, ubicamos la Estancia San Juan del Vecino, propiedad de J. Parravicini.
Mas cerca en el tiempo, el arroyo El Vecino, desaguando en el Canal 1 y la laguna Las Cruces, tutelará el topónimo que rescatamos en todas sus variaciones.

¿Cuál fue el servicio del Corral de los Vecinos (o del Vecino) en aquella inexplorada geografía?

En su libro “Fortines del Desierto. Mojones de Civilización”, Juan Mario Raone deja una pista:
“Los primeros (fortines) que se levantaron nos lo dice el Virrey Vértiz, eran pequeños corrales donde se entraba y salía a caballo. Habitualmente se levantaba a orillas de un río o laguna, con el fin de tener un frente cubierto y agua para la tropa y ganado”. (5)

Pero existe la posibilidad que se trate de una construcción anterior. Entonces, ¿fue obra de los naturales habitantes de la zona?

En las inmediaciones de Tandil y en Sierra de la Ventana, se han estudiado vestigios de estructuras de piedra conocidas como corrales de indios o pircas. No se ha podido certificar quiénes fueron los constructores de esas estructuras, aunque se hallaron pistas. Los arqueólogos que llevaron a cabo la investigación interpretan que su uso -en el caso de los vestigios que pudieron fechar- data de la Época Colonial. Probablemente, hayan cumplido funciones de vivienda, ceremonial o factoría.
“Esta zona, en disputa y negociación entre los españoles –luego europeo-criollos- y los pueblos originarios durante unos 200 años, brinda una serie de contextos históricos marcados por intensas relaciones cuyas variables en cada momento presentan mayores niveles de complejidad vinculadas a las problemáticas que plantea la presencia del conjunto de estructuras de piedra. Como marco general, consideramos poblamiento y movimiento (a través de las rastrilladas) de grupos indígenas; la disputa por los recursos –aguadas, zonas de buenos pastos, ganado cimarrón, etc.- entre grupos originarios y entre aquéllos y europeo-criollos; relaciones comerciales e intercambio. (6)

El investigador Alfredo Pedrós, en su estudio “Detrás de los nombres” nos propone visualizarlo como un Corral de Vecinos del estilo sevillano:
“El corral de vecinos andaluz tiene su origen en los adarves árabes -callejones ciegos con una sola entrada- y más propiamente en el curralaz mozárabe -corral sobre el que se abrían las puertas de las viviendas. Se tienen noticias históricas de su existencia desde el siglo XIV, y con mayor precisión en el siglo XVI. Fue en esta época cuando experimentaron un gran desarrollo, especialmente en Sevilla, por ser puerto exclusivo de entrada y salida para las Indias”. (7)

Tras las huellas del Corral de los Vecinos


La Historia Oficial

En el siglo XVI, hacia 1536, el Adelantado D.Pedro de Mendoza llega al Río de la Plata y en su orilla meridional funda la ciudad de Santa María del Buen Ayre. Para entonces, ya había tomado contacto con los habitantes naturales de la región: los Querandíes, posteriormente llamados Pampas.
Los pampas habitaban la zona comprendida entre el Atlántico y los ríos Salado y Desaguadero y desde el sur de las actuales ciudades de San Luís y Río Cuarto hasta las sierras de Tandil y de la Ventana. Eran nómades y vivían de la caza. Su cultura es poco conocida. La lengua que hablaban no se conserva y sólo fueron identificadas palabras sueltas, mezcladas con otros dialectos.
Creían en un dios bueno al que llamaban Soychú, con quien iban a reunirse al morir. Y en Gualichú, espíritu maligno que los aterrorizaba.

A partir de la llegada de las misiones jesuíticas al sur de la provincia de Buenos Aires, se comienza a tener mayor conocimiento de ellos.


Los Jesuitas

Nuestra historia atraviesa los siglos XVII y XVIII.
En 1608, la Compañía de Jesús llega al Río de la Plata instalándose en la mitad oriental de la actual Plaza de Mayo.
Fueron los precursores de la colonización bonaerense. Cuando los españoles apenas se atrevían a cruzar el Río Matanzas, los miembros de la Compañía de Jesús ya habían establecido cuatro pueblos a 400 Km. del puerto de Santa María de los Buenos Aires.
En 1748, un grupo de misioneros entre los cuales se encontraba el padre José Cardiel, inicia un viaje de exploración.
Esa misión queda registrada en “Diario y Misión a Río del sauce 1748 por José Cardiel SJ”:
(…)“campos situados al NO de los Montes y Laguna del Tordillo, y de cierto lugar singularizado mediante la leyenda descriptiva del Corral de los Vezinos” (8)

Eugenia Alicia Néspolo, Doctora en Historia; UBA y miembro del Proarhep (Programa De Arqueología Histórica y Estudios Pluridiscilinarios); docente de La UNLU y del Centro De Investigaciones Antropológicas y Filosóficas, en su trabajo titulado “Las Misiones Jesuíticas Bonaerenses del siglo XVIII, ¿Una Estrategia Políticoeconómica Indígena?” expresa:
“El Padre Cardiel en su Diario ofrece un buen número de leyendas destinadas a situar hechos geográficos, manifestaciones de actividad humana (o episodios triviales registrados) que permiten imaginar la precariedad edilicia de estas reducciones. Un pequeño grupo de esas leyendas, por ejemplo, se refiere a diversos núcleos nominales de población vinculados a las reducciones de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora de los Pampas y Nuestra Señora del Pilar del Volcán. La “Chacra”, es una de ellas, situada sobre la margen derecha del salado, muy próxima al “pueblo viejo”, emplazamiento primitivo de la Concepción de los Pampas sobre el río Dulce. También encontramos leyendas como la Estancia de los Riojanos o el Corral de los Vecinos, una instalación rural avanzada situada al sur de la Concepción de la cual dependía. La instalación rural dependiente de Nuestra señora del Pilar del Volcán está registrada en los mapas como Estancia de los Ganados. Más allá de estas referencias nominales, no podemos caracterizar la magnitud del trabajo ni la cantidad exacta de familias y ganados. No obstante, a partir de la documentación analizada, podemos señalar que varios indios habitaban en ranchos y que los corrales de animales o “estancias de ganados” son los que sustentan a la población de las misiones.”
En 1767 de acuerdo a lo ordenado en la Real Cédula de Expulsión de Carlos III la Compañía de Jesús se aleja de Buenos Aires.

Virreinato del Río de la Plata

En 1776, Carlos III, rey de España, decidió la creación provisoria del Virreinato del Río de la Plata para asegurar un control más eficaz sobre sus dominios americanos. Hasta entonces, Buenos Aires y el interior dependían del Virreinato del Perú, que tenía su capital en Lima. El Virreinato del Río de la Plata se hizo definitivo en 1778.
En 1782, Juan José Vértiz manejaba los intereses de la Corona Española cuando, el 27 de julio de ese año, firma con el Cacique Cayupulqui un tratado de Paz fijando
“como máxima aproximación a la guardia de Chascomús, el frente extendido al otro lado del río entre el Rincón del Tuyu y el Corral del Vezino. (9)
Poco antes, allá por 1744, los cristianos habían prometido no cruzar el río Salado. Pero, ocurrió. Ávidos de riqueza y poder, comenzaron la lenta pero inexorable tarea de arrinconar a los naturales Señores de las Pampas, dueños de la inmensidad “del aire, el agua de las lagunas y los ríos, de la sal…” [*]

Más acá del Salado, el mito y la leyenda, la frontera imaginaria para los que se aventuraban por el extenso océano de gramilla y pastizales. En algún lugar, veintiséis leguas en dirección sud-este, asomaba el Corral del Vezino.

¿Habrá pasado por estos campos Don Juan de Garay, a su regreso de aquella incursión de 1580 que lo aproximó a la actual Ciudad de Mar del Plata? ¿Habrá cruzado la Cañada del Vecino? ¿Habrá seguido alguna rastrillada? ¿Lo habrá escoltado su futuro ejecutor, el querandí Guen? No podemos saberlo. Pero, no hay duda que en ese viaje a la utópica Ciudad de los Césares, Don Juan de Garay compensó a los compañeros de aventura y repartió la tierra que pisaba, como si fuese suya. Nacían las vaquerías. (10)

El sistema de vaquerías eran permisos para la caza de ganado y la obtención del sebo y los cueros.
Hacia fines del siglo XVIII, con la implantación de la industria del saladero, que impulsó la exportación de carnes, cueros y lanas, la estancia, heredera de las antiguas vaquerías, cobró mayor importancia y se convirtió en la base del desarrollo económico de la región.


Siglo XIX

En Mayo de 1810, nace la Patria y llega la militarización de la sociedad.
Relata Juan Carlos Pirali, en “Historia de Levas y Reclutamiento”: “Una de las primeras medidas adoptadas por los integrantes de la Primera Junta de 1810, fue la de organizar las fuerzas militares, y para tal fin se estableció por medio de una rigurosa leva que comprendía a todos los vagos sin ocupación conocida, desde la edad de 18 a 40 años". (11)

En los Montes del Tordillo, encontraban amparo los que se negaban a enrolarse o desertaban; ellos eran los alzados. De boca de sus mayores, probablemente los abuelos de nuestros abuelos oyeran aquellas historias de gauchos alzados, malones, y tolderías, sentados en torno al fogón, anoticiados de las andanzas de Gualichú, temerosos de la oscuridad. En cierto paraje próximo a la Cañada del Vecino, aquellos niños moldeaban nuestra identidad.

1813 será el año del rompimiento definitivo con España. En 1816 llegará la Declaración de la Independencia. Nuestros antepasados hacen Patria en los campos de Vecino.

El 16 de febrero de 1820, la provincia la de Buenos Aires se constituyó en entidad autónoma. Manuel de Sarratea fue designado su primer gobernador.

En 1823, Dolores fue casi totalmente destruida por los pampas. El gobernador Martín Rodríguez realizó una campaña militar contra ellos y llegó hasta Bahía Blanca. En el camino, fundó un fuerte que dio origen a la actual ciudad de Tandil.

Esta campaña animó a muchos estancieros a ampliar sus campos hacia el sur, lo que les permitió obtener grandes extensiones de tierra bajo el régimen de la enfiteusis. Así, fue poblándose la costa del océano Atlántico hasta el río Quequén Grande.

El 6 de diciembre de 1829, Juan Manuel de Rosas fue nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios. Desde entonces y hasta febrero de 1852, con la excepción del corto período desde 1832 hasta 1835, dominó Buenos Aires.

Hacia 1838 surge el conflicto del Gobierno de Buenos Aires con Francia. La flota de Guerra Francesa bloquea el Río de la Plata.
El bloqueo significó la interrupción del comercio exterior, los precios cayeron, las ventas se vieron dificultadas. Esto motivó que el Gobierno de Don Juan Manuel enfrentara una caída de sus ingresos que provenían de los derechos de exportación y para corregir el déficit recurre a la tierra pública que estaba en manos de los beneficiarios de la enfiteusis.

Rosas, suspendió la renovación de los contratos y exigió la entrega o compra a corto plazo de esas tierras.
A los opositores políticos se sumaron entonces los hacendados y en noviembre de 1839 estalla la Revolución.

Rosas, estaba al tanto y dejó hacer. La Revolución fue desbaratada en pocos días y para que no quedaran dudas de quien había triunfado, la cabeza de Pedro Castelli quedará en una pica, en la plaza del pueblo de Dolores.

Intentando mayor control político y administrativo, Don Juan Manuel de Rosas decide subdividir el territorio que había osado levantarse en armas y así: el 20 de Diciembre de 1839 Año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 10 de la Confederación Argentina

Nace oficialmente el Partido del Vecino. Portando en su génesis una leyenda con noventa y un años de arraigo.

Nuestros abuelos, con sus tristezas y alegrías, aciertos y errores, defectos y virtudes, estaban aquí para entonces. No hay daguerrotipos con sus rostros, si alguno hubo, se lo llevará la correntada del ‘57. Sólo los conservará la memoria de los niños, esos que ya andaban a rodaja y rebenque por los campos del Vecino.

Los hombres y mujeres que nos precedieron, descendientes de los primeros vaqueadores o fortineros, son los rostros desconocidos de nuestra historia.

Ellos, los antiguos, heredaron de los españoles la galanura y la guitarra, y de los Pampas la picardía, la solidaridad y la rebeldía.
En esta Pampa, escribió Justo P Saenz (h), “Tierra del que la pisa y es capaz de defenderla” (12) hace una ponchada de años se establecieron los primeros abuelos, aquí imaginaron el futuro, aprendieron de los Pampas a amansar mejor, a la bota e`potro, al estribo “e`pichico” y se volvieron expertos en el manejo del caballo. Diestros con el lazo, mañosos en las cuadreras que corrían a costilla. Alguno apostó sobre seguro sus pocos reales al Pangaré Buey. ¡Quién sabe si otro de los nuestros no cruzo palabra con el tal Melitón Fierro! (13)

Pobres, pero libres e independientes. Al decir de Hilario Ascasubi, “hospitalarios, cortos de palabra, enérgicos y prudentes en sus acciones”.

Prolíficos, amaban con tiernura. Madrazas, las abuelas, esas chinas dulces como los atardeceres de la Pampa, almizcladas de aromo y azahares, piadosas y admirables, con “su tez (que) brillaba como bronce bruñido; sus largas trenzas negras como el ébano y adornadas con cintas pampas que caían sobre sus espaldas…” (14) les correspondían.

Desde Europa. Empujados por la hambruna de las guerras, a mediados de 1875 comenzaron a llegar los primeros inmigrantes. Franceses, italianos, españoles, turcos… asomaron en el horizonte del Vecino. En seguida fueron uno más de este pueblo de calles polvorientas,
“… veredas de tierra o ladrillos bordeadas de manzanilla florecida en botones amarillos, (entre) las altas casuarinas de la plaza y los matorrales de las barrancas de la laguna” (15)

Juntos, criollos y europeos esperaron la ardiente noche del 31 de diciembre de 1899 la llegada del siglo XX.

Sin memoria desaparecemos

El paisaje que tuvieron frente a sí los primeros arrimados al remoto Corral se ha modificado. Transcurrieron doscientos sesenta años desde que el Jesuita José Cardiel anotara en su bitácora, Corral de los Vezinos. El tiempo pasa, la historia se aleja, se olvida en archivos y bibliotecas, sabe que un día iremos en su búsqueda para que nos enseñe quiénes fuimos.

Ese día puede ser hoy. Comencemos a desanudar este enredo de coloridas hilachas, de voces perdidas, y lenguas abandonadas, de conquistadores, de pampas, de criollos y cautivas, de vaquerías, fortines y corrales.
Hilemos lo descosido.

Los pueblos, todos, se parecen. Plaza, iglesia, edificios públicos, la estación del ferrocarril, el club… Pero, algo los diferencia. Son los hombres y las mujeres que los habitan, que abren caminos en lo que parece impenetrable, inventan salidas y sueñan utopías. (16)

Nosotros somos herederos de los sueños de aquellos primeros porteadores, madurados en la soledad infinita que los circundaba.

Aquel Corral es el origen de esto que somos. Existió –quedaba- en algún lugar dentro de las coordenadas 36º 39’ S – 57º 47’ E. En sus cercanías, habitaron nuestros antepasados, los primeros pobladores de ese caserío conocido hasta entrado 1891 como
Pueblo del Vecino

Se presentan interrogantes: ¿En que período fue construido el Corral? ¿Con qué materiales? ¿Qué dimensiones tenía? ¿Fue un Corral de Indios o un Fortín?
¿Cuál es el origen del nombre Vecino? ¿Un apellido? ¿Se utilizó para indicar la proximidad con los demás pobladores de un mismo lugar?

Sabemos que el topónimo siguió utilizándose hasta 1926, cuando durante el Gobierno de Valentín Vergara el Partido del Vecino pasa a denominarse oficialmente como el pueblo cabecera: General Guido.
Los motivos del cambio se comprenden releyendo a Arturo Jaurretche: “La toponimia ha sido alterada para que el paisaje geográfico no coincida con el paisaje histórico”.



Conclusión

Para que la tradición no muera, hay que contarla. Nuestra historia chica es parte indisoluble del patrimonio cultural de la comarca.

Haya sido un Corral de Indios, un Fortín o un Corral de Vecinos al estilo sevillano, como lo imagina el investigador Antonio Pedrós. El Corral del Vecino o de los vecinos existió y es nuestra raíz en lo hondo.

A simple vista, parece otro lugar. Sin embargo, todo indica que estamos en el punto donde comienza nuestra historia, la historia del pueblo de General Guido.

[*]…reflexión del cacique Cangapol (1739) que dijo: ¿De quién es el aire, de quién el agua de la laguna y los ríos, la sal, la leña, los piches, guanacos y avestruces y hasta los baguales y vacas del campo? ¿De alguno, de la tribu, de alguna otra, o de todos? Para que toda la gente respire, beba, coma, para vivir. ¿Qué sucedería si un indio entre sus hermanos pretendiera ello para si solo? Magrassi, E.G. 1987. Los aborígenes de la Argentina. Ensayo socio-cultural: 38-63. Ed. Búsqueda. Yuchán, Buenos Aires.

Bibliografía específica

1. -Schmucler H. Revista Universidad Nacional de Córdoba. 1994
2. -Luna F. Conflictos y Armonías en la Historia Argentina Planeta 1997
3. -Bialade A.J. El Camino es Largo Buenos Aires 1972
4. -Moncaut C. Diario La Nación Rincón Gaucho Reyerta en una Pulpería de Dolores 2008
5. -Raone J. M. Fortines del Desierto Mojones de la Civilización 1969
6. -Pedrós A. Detrás de los nombres
http://www.rincondehistoria.com.ar/
7. -Revista Trefos Las Estructuras Líticas En Tandilia, Mariano Ramos, Eugenia Néspolo, Verónica -Helfer, Matilde Lanza, Claudio Quiroga, Patricia Salatino, Diego Aguirre, David Pau
8. -Furlong G. Outes F. Diario y Misión a río Sauce 1748 P José Cardiel
9. -Derecho de los pueblos indígenas
http://www.indigenas.bioetica.org/inves53-2.htm
10. -Giberti H. Historia Económica de la Ganadería Argentina
11. -Pirali J.C. Historia de Levas y Reclutamientos
12. -Saenz J. Baguales cuentos camperos 1942
13. -Capdevila D. El nombre, el pago y la frontera de Martín Fierro. Ediciones Patria 1964
14. -Subidet T. Vocabulario y refranero criollo 1952
15. -Bialade A.J. Obra citada
16. - Scheines G. Las Metáforas del fracaso Sudamericana 1993

Bibliografía General

¨ Abad de Santillán D. Gran Enciclopedia Argentina. Ed.1956
¨ Coluccio F. Diccionario de Voces y Expresiones Argentinas Ed. Plus Ultra Buenos Aires 1979.
¨ Conlazo D. Los Indios de Buenos Aires Siglos XVI-XVIII Ed. Búsqueda-yuchán Buenos Aires 1990.
¨ Corbière E. El gaucho: Desde su origen hasta nuestros días. Ed.Renacimiento, 1998
¨ Echagüe J.P Tradiciones Leyendas y Cuentos Argentinos Espasa Calpe Bs As 1969
¨ Magrassi G. Los Aborígenes de la Argentina: ensayo socio-histórico-cultural‎ 1987 –
¨ Moncaut Carlos. Pampas y Estancias Ed. El Aljibe. City Bell. 1978
¨ Néspolo E. Las Misiones Jesuíticas Bonaerenses Del Siglo XVIII, ¿Una Estrategia Políticoeconómica Indígena?
¨ Pigna F.
http://www.elhistoriador.com.ar/
¨ Registro oficial (de la provincia de Buenos Aires).‎
¨ Revista Todo es Historia
¨ Rumbo al Sud.
http://tandil.iespana.es/tandil/01012.htm


Nota: Este trabajo fue entregado al Centro de Jubilados y Pensionados “Renacimiento” de General Guido con el doble propósito de participar en el Concurso Un Nombre para el Museo y preservar la memoria.

lunes, 17 de agosto de 2009

Bienvenidos a Labarden!!!


Información extractada de un trabajo de investigación personal de la Sra. María Angélica Trapaglia
Origen de las Tierras
La estación del Ferrocarril del Sud "Rodríguez" (actualmente Labardén) fue establecida en los campos de don Eustaquio Rodríguez y Lucía Muñoz. Era costumbre nomenclar las estaciones con el nombre de los propietarios donantes de las tierras, por tal motivo en sus comienzos la estación se llamó “Rodríguez”. En 1896 en el plano del agrimensor José María Vinent, se cita a esta estación como Labardén, antes Rodríguez. Entre don Pedro Rodríguez y el Ferrocarril del Sud hubo problemas con respecto a las tierras que ocupaba el ferrocarril, esto hizo cambiar de donación por venta, por lo que el ferrocarril desde ese entonces denomina a la Estación con el nombre de Labardén, en homenaje a José Manuel de Lavardén (con v corta). Al respecto se puede decir que siendo Intendente don Juan Roncoronni intentó cambiar mediante un proyecto de ley el nombre de Labardén por el verdadero: Lavardén, pero no tuvo éxito; continúa llamándose al pueblo Labardén con b larga.
La estación Labardén no está incluida dentro del pueblo fundado por don Gumersindo Giles, se encuentra ubicado a unos 500 metros de la calle de circunvalación y dentro de una propiedad lindera. Las instalaciones del Ferrocarril datan del año 1890 y se encuentran totalmente fuera de servicio y no hay ningún tipo de servicio ferroviario en la actualidad.
El 27 de julio de 1836, don Mauricio Pizarro vendió a don Eustaquio Rodríguez un campo de su propiedad situado en el Partido de Monsalvo (hoy General Guido), compuesto por dos leguas de frente y una de fondo, comprometiéndose a la escritura correspondiente cuando el Superior Gobierno aprobara la mensura practicada en el mencionado campo. El 10 de enero de 1891 se efectuó la escritura definitiva de estas tierras a favor de la testamentería de don Eustaquio Rodríguez. Las tierras habían sido mensuradas en 1835 por el agrimensor Ambrosio Crámer y más tarde, en 1871, por el agrimensor Fortunato Gómez. El 23 de noviembre de 1886 el Juez de Primera Instancia en lo Civil y Comercial del Departamento del Sud, Dr. Benito Carrasco, aprobó la cuenta de división y adjudicación de los bienes de la testamentería de don Eustaquio Rodríguez y doña Lucía Muñoz, levantada por los doctores Lecot, Burgos y Espinosa. Según la misma, el campo fue dividido en ocho fracciones correspondientes a los herederos: Pedro, Juana Francisca, María Fermina, Abdona, Apolinario, Marcelino, Aniceto y Saturnino Rodríguez. El encargado de dividir el campo para los herederos de Rodríguez fue el agrimensor Fortunato Gómez en 1892. La subdivisión fue aprobada por el Departamento de Ingenieros el 14 de julio de 1892. De esta mensura surgió un sobrante entre los ocho herederos y solicitaron posteriormente su compra al Estado (Mensura N° 58 de General Guido). Por fallecimiento de doña Abdona Rodríguez de Giles, heredera de una de las ocho fracciones en que subdividió el campo en 1892 el agrimensor Gómez, correspondieron sus tierras a sus hijos: Gumersindo, Timoteo y Petrona Giles, de acuerdo con la partición de los bienes efectuados por el Juez Dr. José A. Carielo, el 18 de julio de 1894. El 18 de septiembre de 1896 doña Petrona Giles vendió a su hermano Gumersindo la parte indivisa del campo que le fuera adjudicado en la testamentería de su madre, doña Abdona Rodríguez de Giles. Con fecha 12 de noviembre de 1896 don Gumersindo y don Timoteo Giles solicitaron al Juez de Primera Instancia la mensura, división y traza de un pueblo en tierras de su propiedad, situadas en el Partido del Vecino (hoy Gral. Guido). El encargado de practicar la mensura fue el agrimensor José María Vinent, en 1896 (Mensura N° 70 de General Guido).

Primeros Pobladores
Uno de los primeros asentamientos de población en la zona que hoy ocupa el pueblo de Labardén fue el correspondiente a la Pulpería de Rodríguez Avello; figura en el plano de 1892, levantado por el agrimensor Fortunato Gómez; esta pulpería estaba ubicada dentro del campo de doña Abdona Rodríguez. La misma población y sus alambrados aparecen también en el plano de la traza del pueblo, firmado por el agrimensor José María Vinent en 1896, dentro de la manzana señalada con el N° 3 del futuro ensanche. Según el fichero de inscripción de Dominio de Vendedores correspondientes al Partido de General Guido, las primeras ventas de tierra en Labardén fueron efectuadas por Gumersindo Giles en 1897, siendo los compradores Salvador Plana, Beltrán Larroquet, Juan Rodríguez, Pedro Rodríguez, Horacio Molina, José Palú Lacoste, Petrona Giles de Falcón, Francisca Torres de Ibarra, Julio Federico Solanet, Antonio Ayello, Valerio Julián Arrutia, María Etcheto de Tolosa, Pedro Cruz, Manuel González, María Godoy, Jorge Maldonado, José La Frata, Nemesio Olariaga y otros.

Trazado del Pueblo
En 1896 don Gumersindo Giles, conjuntamente con la división del campo que posee en condominio con su hermano Timoteo, propone la traza de un pueblo, cuyo plano levanta el agrimensor José María Vinent, firmado en diciembre de 1896 (Mensura N° 70 de General Guido). Según el agrimensor Vinent, la superficie que ocupa el pueblo es de trescientas cincuenta hectáreas, cincuenta y seis áreas, ochenta y siete centiáreas, dentro de las que estaba incluido el triángulo que encierra una superficie de diez hectáreas, cincuenta y ocho áreas y treinta centiáreas, tomado de la propiedad lindera perteneciente a doña Francisca Rodríguez, esposa de don Gumersindo Giles. El terreno se dividió en treinta y seis manzanas, con una superficie de una hectárea cada una, colocando estacas de madera numeradas en todas las esquinas, trazando las calles de 15 metros de ancho. La manzana N° 32 fue señalada para la plaza. Concluida esta división, el agrimensor procedió a medir las tierras destinadas al futuro ensanche del pueblo, que ocupa una superficie de treinta y cuatro hectáreas, cincuenta y dos áreas, cincuenta y cinco centiáreas. Continuó luego con la división de las dieciséis quintas y once chacras, señaladas todas ellas en el terreno con estacas de madera clavadas en las cuatro esquinas y rodeadas de calles de quince metros de ancho (Mensura N° 70 de General Guido). La formación de este centro de población no siguió el curso administrativo correspondiente. Su fundador, Gumersindo Giles, realizó la mensura de subdivisión del campo que poseía en condominio con su hermano Timoteo y luego trazó el pueblo en tierras de su propiedad, a las que agregó una pequeña fracción del campo lindero, perteneciente a su esposa Francisca Rodríguez. El agrimensor José María Vinent, luego de haber efectuado las mensuras correspondientes y replanteo del pueblo, elevó todo lo actuado para su aprobación al Departamento de Ingenieros (Mensura N° 70 de General Guido). El Departamento de Ingenieros, con fecha 29 de diciembre de 1896, remite su informe al Juzgado, aprobando todo lo actuado, y en lo referente al pueblo dice lo siguiente: “... en cuanto a la traza del pueblo verificada en el terreno de Gumersindo Giles, este Departamento nada tiene que observar, pues ella se ajusta a las disposiciones vigentes sobre la materia, debiendo dar al Superior Gobierno oportunamente la intervención que le corresponde...” El 8 de marzo de 1897, el Juzgado dicta el auto de aprobación de la mensura de división del condominio de los señores Gumersindo y Timoteo Giles, acotando con respecto a la traza del pueblo lo siguiente: “...y en cuanto a la traza del pueblo ocurran los interesados ante quien corresponda para su aprobación por no ser del resorte de este Juzgado...” No hace más referencias de la traza del pueblo. De no surgir otro documento del Gobierno de la Provincia, decretando la aprobación del trazado en tierras de don Gumersindo y Timoteo Giles, el Departamento de Investigación histórica y cartográfica observa que debe tomarse como fecha de fundación del pueblo el 29 de diciembre de 1896, fecha del informe al Departamento de Ingenieros, que es el único organismo oficial que aprobó la traza. Con respecto al nombre del pueblo, no hay constancia de la designación que pensaba darle el fundador, ya que no lo menciona el agrimensor Vinent, limitándose ambos a mencionarlo como “Pueblo en las tierras de Gumersindo Giles”.
Para la época de la traza ya la Estación figura como “Labardén”, aunque con la acotación de “antes Rodríguez”, como puede observarse en los planos de 1896. Es evidente que la nomenclatura de la estación se hizo extensiva al pueblo que se formó en sus inmediaciones. El uso y la costumbre lo incorporaron definitivamente.
Enrique Udaondo en su obra “Significado de la Nomenclatura de las estaciones ferroviarias de la República Argentina” recuerda al ilustre poeta argentino Manuel José de Lavardén, porteño, hijo del Dr. Juan Manuel de Lavardén, funcionario del cabildo de Buenos Aires en 1754. Estudió Derecho en la Universidad de Chuquisaca y volvió a su ciudad natal ya doctorado en 1778, cuando Vértiz iniciaba su fecunda actuación en el Virreinato del Plata. Lavardén entró en contacto con Vértiz y con el ambiente más ilustrado. Estrenó en el Teatro de “La Ranchería” la primera obra de teatro de contenido argentino titulada “Siripo”, que fue recibida con gran éxito. En 1801 el Telégrafo Mercantil divulgó su “Oda al Paraná” que lo consagró como máximo poeta del Plata. Vivió sus últimos años en su Estancia del Sauce, en la Banda Oriental, consagrado a la ganadería. Murió antes de la Revolución de Mayo a bordo de una fragata en que volvía de España con una muestra de animales de raza. Sobre su muerte también se dan distintas versiones, la más documentada es la que sostiene el libro de Pehuajó, que dice, falleció en la Colonia del Sacramento, el 31 de octubre de 1808.
http://es.wikipedia.org/wiki/Labard%C3%A9n

viernes, 14 de agosto de 2009

"En principio fueron las rastrilladas..."

Por Juan Carlos Pirali

En un principio fueron las rastrilladas dejadas por los aborígenes, las que marcaron las huellas por donde transitaron las pesadas carretas tiradas por lentos bueyes, que trasladaron el progreso y la civilización a los distintos lugares del territorio nacional, pero esos primitivos caminos se fueron formando sin una planificación para el trazado.
Le correspondió al director supremo Juan Martín de Pueyrredón, la iniciativa de crear la primera entidad encargada de ese tema al instrumentar en 1817 la Comisión de Caminos.
Las carretas trazaron los mejores rumbos para sus largas travesías. El drenaje natural facilitaba su paso y, más tarde, cuando las postas fueron las estaciones de servicio de los viajeros, las grandes rutas nacionales quedaron establecidas por los mejores terrenos. Pero llegó el riel, que significó el comienzo de un nuevo periodo histórico en la economía del país. Ante ese hecho, los viejos caminos de tierra perdieron parte de su eficacia, debido a que la tracción de sangre no podía competir con un sistema de transporte más rápido y efectivo.
En la provincia de Buenos Aires, una cronología de hechos marcó el proceso de transformación de su historia caminera. En 1821 el gobernador Martín Rodríguez creó el "Departamento de Ingenieros y Arquitectos" y, en 1824, fue creada la "Comisión Topográfica", encargada de realizar el primer estudio integral de la topografía bonaerense, para que sirviera de base a trazados de caminos y la realización de obras hidráulicas.
El 17 de mayo de 1880, durante la gobernación de Carlos Tejedor, fue aprobada la "Ley de cercas de estancias", que determinaba en su articulado: "Los caminos públicos de la provincia se dividirán en generales, municipales y vecinales". Los caminos generales destinados a la conexión de ciudades y pueblos debían tener un ancho de 50 metros; los municipales, que servían de comunicación entre dos cabeceras de partido tendrían 30 metros y los vecinales, que comunicaban centros de población con propiedades rurales o éstas entre sí, tenían asignado un ancho de 16 metros.
La construcción de caminos necesitaba un brazo ejecutor, y el 8 de marzo de 1910, por medio de la ley 3231 fue creada la "Dirección General de Caminos de la Provincia", especificándose en el artículo 1º de dicha norma: "…ejercerá todas las facultades inherentes a la Superintendencia Técnica y Administrativa en todos los caminos generales y parciales existente o futuros, como también en los municipales y vecinales, de aquellos partidos cuyas municipales se acojan a los beneficios y cargas que por esta ley se establecen". Se fijaba como sede de la Dirección a la ciudad de La Plata, y cada pueblo cabecera de partido tendría una comisión local formada por el intendente municipal y 4 vecinos.El 4 de agosto de 1913 fue promulgada la ley 3497, que derogaba la del 8 de marzo de 1910 y creaba la Dirección de Puentes y caminos, dependiente del ministerio de Obras Públicas, con autoridad para proyectar y ejecutar las construcciones, desvíos, rectificaciones, etc. de los caminos.En 1915 cambió su denominación por "Dirección de Hidráulica Puentes y Caminos" .Por decreto número 6 de 1922 se establecieron en la provincia 11 zonas para brigadas camineras, correspondiéndole al partido de Dolores, formar parte de la zona tercera, con sede en Brandsen. Al año siguiente crearon las primeras cuadrillas dotadas de "palas de buey".En 1932 la provincia fue dividida en 8 zonas camineras y Dolores pasó a ser sede de la Zona VI.El 5 de octubre de 1932 fue promulgada la Ley Nacional de Vialidad, que significó un punto de partida de una profunda transformación en el sistema tradicional de las vías de comunicación, la que llevó al país con enérgico impulso al nivel de los estados con la construcción de modernos caminos, adecuados a la exigencia del tránsito actual.
http://ar.geocities.com/pirali_historia_y_poesia/historia.htm

jueves, 6 de agosto de 2009

El personaje: Martin Fierro


Documentos que pueden certificar la existencia real del personaje en el pago de Monsalvo.
Bien sabemos que es una creencia generalizada la existencia de Martín Fierro como un personaje de ficción.
No obstante se reproducen a continuación una serie de documentos que pueden tener relación con el personaje de Hernández, relatos que habría obtenido de su gran amigo Álvaro Barros quien estaba como Jefe del Batallón Nº 11 de línea, destacado en Azul, que por ese entonces era la frontera Sud con el indio, cuando se suceden los acontecimientos que a continuación se relatan.
Es interesante observar, que, en la documentación, que lógicamente es cronológica, se refieren siempre al mismo individuo, por los hechos, los lugares y las consecuencias.
El por qué del nombre Martín, cuando dicha documentación dice Melitón, todavía, hoy es un misterio, el Sargento Mayor Álvaro Barros o el redactor se equivocó probablemente y escribió Martín, pasando inadvertido al ser firmado por Álvaro Barros.
Es así que en 1866 un individuo con el nombre de Martín Fierro es enviado preso a la frontera del Sur.
El citado documento expresa lo siguiente: (documento encontrado en los archivos del Juzgado de Paz del Tuyú por Rafael Velázquez).
“El Comandante en Jefe de la Frontera Sud
Azul, Agosto de 1866
Al Sr. Juez de Paz de Monsalvo,
Don Enrique Sundblad.
El que suscribe acusa recibo de la comunicación de V. fecha 16 del presente y del individuo Martín Fierro, destinado al Batallón 11º de Línea, recomiendo a V. haga todo empeño en remitir algunos más para remonta del cuerpo.”
Dios Gde. a V.
Álvaro Barros
El 10 de agosto de 1866 el Juez de Monsalvo comunicó al inspector de Milicias D. Arturo Martínez que el individuo Melitón Fierro, ha sido sentenciado al servicio de las armas en el batallón de Línea.
Al comunicar a Barros, el Juez de Paz de Monsalvo, con respecto a Fierro, se dirige en los siguientes términos:
“Mari – Huincul, Agosto 10 de 1866
Al Sr. Jefe del Batallón 11 de Línea,
Sargento Mayor Álvaro Barros.
El infrascripto remite a V.S. de Juzgado en Juzgado, al preso Melitón Fierro destinado al servicio de ese Batallón por el término de tres años, a contar desde la fecha, a causa de haber resuelto el Señor Juez del Crimen del Departamento Sud (*), que las heridas inferidas por el referido Fierro eran leves, y por consiguiente correspondía a este Juzgado condenarlo.
Dios Gde. a V. S.”
Enrique Sundblad
Juez de Paz de Monsalvo(*): Dolores)
El mismo día el Juez de Paz de El Vecino (hoy Gral. Guido) emite una nota al Juez de Paz del Partido de Arenales (hoy Ayacucho) diciendo:
“Al Señor Juez de Paz y Cmte. Del Partido de Arenales
El infrascripto remite á V. al preso Melitón Fierro y un pliego cerrado del Sr. Juez de Paz del Partido de Monsalvo para que se sirva V. hacer pasar bajo segura custodia, de Juzgado en Juzgado, hasta el Azul adonde se halle el Jefe del Batallón Nº 11 de línea Sargento Mayor Dn. Álvaro Barros.
Dios Gde. á V. ms. años”
(Libro copiador de notas del partido de El Vecino, Pág. 197,198, año 1866.)
Una Pelea en la Pulpería La Rosa.
“La Rosa” ó “Boliche de La Rosa”, estaba en campos pertenecientes al coronel Agustín Acosta, ubicados en estancia La Rosa, (hoy partido de Maipú) en ella se produce, por cuestiones del momento, una discusión y posterior pelea entre dos individuos llamados Melitón Fierro y Policarpo Vera, (el historiador Gramigna lo llama Pablo, que era hermano de Policarpo) por la misma el primero hiere levemente, con un pequeño cuchillo, al segundo y pretende darse a la fuga, pero una partida lo apresa y es detenido en “Mari-Huincul” remitido a Dolores y en la nota se expresa:
“Mari Huincul: 27 de Junio de 1866
Al Sr. Juez de Primera Instancia en lo Criminal del Departamento del Sur,
Doctor J. J Cueto.
El infrascripto tiene el honor de dirigirse a VD. comunicándole que por conducto del Sargento Bartola Santucho, remito a V.S. el sumario Criminal, de una pelea acaecida en este partido, de que resultó reo Melitón Fierro, a quien con esta misma fecha y a cargo del mismo Sargento remito a la disposición del V.S. como también las armas que le fueron tomadas.
Dios Gde. á V.S. (**)
(**Tomado de “Notas recibidas de los Alcaldes años 1866 – 1867” Actualmente este libro ha desaparecido del Juzgado de Paz de Maipú lo que hace presumir que la persona que lo llevó sabía que se trataba del personaje de José Hernández.
También al libro de notas de 1867/68 se le han arrancado las páginas 17, 18, 19 y 20, presumiblemente hecho realizado por la misma persona, porque en la página 7, se ha subrayado con lápiz Carmelino Fierro, en una nota que dice:
“Mari – Huincul: Mayo 15/1867.
Al Alcalde del Cuartel 2º.
Citará Vd. para que comparezca el miércoles 20 del corriente, al vecino de ese Ctel. Carmelino Fierro, a contestar una demanda que le ha interpuesto Miguel Javer por mezcla de ovejas”. Esta persona que posiblemente estuvo investigando, creyó que Carmelino Fierro pudo haber sido pariente de Melitón.)
El 1º de julio de 1866 el Juez de Paz Don Enrique Sundblad le envía al Alcalde del Cuartel 2º Don Agustín Lastra, la siguiente nota:
Mari Huincul, Julio 1º de 1866
Al Alcalde del Cuartel Segundo
Ciudadano Agustín Lastra.
Inmediatamente que esta reciba remitirá Vd. A este Juzgado, el facón del individuo Pablo Vera; así también un caballo zaino, un lazo trenzado y un bozal, perteneciente al reo Melitón Fierro, y que se encuentran en la casa del referido Vera.”
Dios Gde. a Vd. (***)
(***: Libro Copiador de notas del Juzgado de Paz de Maipú)
Fierro es incorporado a la Segunda Compañía acantonada en Tapalqué, permaneciendo hasta el 26 de diciembre, día que desertó junto con Sixto Base. Regresando a su Pago de Monsalvo.
Álvaro Barros fue confidente y colaborador en la redacción de varios artículos del diario “El Río de la Plata” fundado por José Hernández, el 6 de agosto de 1869 y a su vez en noviembre del mismo año crea el Club de los Libres donde se reunían Álvaro Barros, Vicente G. Quesada, Carlos Pellegrini y otros. Es muy probable que Álvaro Barros le contara las andanzas de Melitón Fierro y que despertara en José Hernández la creación de su obra literaria que comienza a elaborar en el marco de 1871.
E 17 de enero de 1873 pone en circulación su poema gaucho con notable repercusión.
Este relato sirve para demostrar la existencia de Melitón Fierro en el partido de Monsalvo y para certificar la amistad que unía a Álvaro Barros con José Hernández.(Extractado de las investigaciones que el historiador Iver E. Gramigna realizara para su libro POR LOS PAGOS DEL MONSALVO. T. I - Año 1978)

Fuente: http://www.naddeo.com.ar/biblioteca/prosa/brevehistoria.pdf